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2016 Jose Viera Publications
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Escrito por José M. Viera
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No hay nada más descortés que una persona que nunca «da gracias». Las
vemos en todo lugar: en el trabajo, en la escuela, en el mercado. Parece que
la palabra «gracias» no existe en el vocabulario de estas personas. A mi
mente vienen tantas experiencias cuando personas me han pedido algún
favor, y yo me he esforzado en gran manera para ayudarles y proveerles
asistencia, privándome yo mismo de tiempo y de recursos, con el fin de servir
a otros; y ni siquiera miran a uno a los ojos para darle un gesto de
agradecimiento. ¿Qué puede estar pasando por la mente de una persona así?
¡No sé; éste es uno de los muchos misterios del ser humano. Pero lo más triste
del caso es la falta de agradecimiento que manifiestan muchos en el pueblo de
Dios. No solamente esto es descortés sino que tamibén es un terrible pecado.

Este artículo tiene como propósito hacernos reflexionar en lo que es el
agradecimiento. Cuando aprendemos a agradecer seremos más felices en
nuestra vida. ¿No ha notado alguna vez qué infeliz se ve una persona
malagradecida? El que nunca agradece siempre vive descontento. En la
Palabra de Dios hay muchas exhortaciones sobre el agradecimiento; y Dios
quiere enseñarnos a ser agradecidos. Es nuestra oración a Dios que esta
revista sea el instrumento que Dios use para hacernos reflexionar en esta área
de tanta importancia en nuestra vida.

La voluntad de Dios es que seamos agradecidos todo el tiempo. En otras
palabras: «tanto en las buenas como en las malas». ¿Cómo? ¿Quiére decirme
que tengo que dar «gracias» aún cuando estoy pasando por momentos
difíciles? Apreciado lector, no lo digo yo sino Dios mismo en Su Palabra: «Den
gracias a Dios por todo, porque ésto es lo que Él quiere de ustedes como
creyentes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5.18, DHH). Dios quiere que
aprendamos a ser agradecidos. Y cuando damos gracias por todo, como nos
dice la Palabra, damos evidencia de madurez espiritual, porque
comprendemos que no hay casualidades en esta vida, sino que el plan y la
voluntad de Dios para nuestra vida van en progreso. La Biblia nos asegura que
«si amamos a Dios y nos adaptamos a Sus planes, todo cuanto nos sucede ha
de ser para el bien nuestro» (Romanos 8.28, LBD).

Vivimos nuestra vida siempre a «la carrera» y no nos detenemos a «vivir» la
vida que Dios nos ha regalado, mucho menos a darle gracias. ¿Cuándo fue la
última vez que dejaste todas las cosas a un lado, y saliste de tu casa u oficina,
a contemplar un atardecer mientras el sol se ocultaba de tus ojos? ¿Cuándo
fue la última vez que le diste gracias a Dios por la lluvia? ¿Le has dado gracias
a Dios por la belleza de Su creación: en una flor, el aire fresco del campo, las
bellas melodías de las aves en la mañana? Quizá puedas estar pensando: «Yo
no tengo tiempo para esas cosas». Lamentablemente ése es nuestro
problema--¡no tenemos tiempo para esas cosas! Sin embargo, Dios
constantemente tiene tiempo para nosotros y a diario nos recuerda que nos
ama y que anhela nuestro compañerismo y amistad.

Recuerdo una maravillosa bendición que recibí una tarde a finales del otoño.
Había pasado un día bastante fuerte en la oficina, y mi mente estaba
sobrecargada con muchísimas cosas. Al finalizar mi día de trabajo iba
manejando mi coche hacia mi hogar cuando de repente pude observar en el
cielo una mezcla extraordinaria de colores. Había azul, gris, y detrás de unos
árboles secos se podía ver el cielo anaranjado. Era el perfecto atardecer que
daba la bienvenida a una gloriosa noche de otoño. Cuando mis ojos
contemplaron lo que el pincel del Maestro había pintado, mi corazón se llenó
de gozo y de paz. Allí mismo le di gracias a Dios por haberme visitado en la
majestad de Su gloriosa creación. Aquel bello cielo pintado era para mí. Yo lo
hice mío; yo lo recibí como un regalo exclusivo de mi Dios. Al aceptar Su
regalo pude sentir Su paz; y tuve que darle gracias. Pude respirar
profundamente y recordar las palabras del Salmo 19: «Los cielos proclaman la
gloria de Dios, pues son una admirable exhibición de Sus obras. Día y noche
sin cesar hablan de Dios. Sin sonido ni palabra, silencioso en los cielos, Su
mensaje se extiende por todo el mundo» (LBD, vs.1-4).

Dios no me habló con voz audible sino que por medio de la belleza de aquel
cielo me comunicó Su amor hacia mí. ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera
prestado atención a mi alrededor? Ciertamente hubiera llegado a mi hogar de
mal humor y muy cansado; sin embargo, llegué a mi hogar rejuvenecido por
la misericordia de Dios. Apreciado Lector, Dios está a tu lado en este mismo
instante. Él quiere tocarte con Su mano de amor; quiere darte aliento por Su
Palabra de vida. Y quiere escuchar tus palabras de agradecimiento. Deténte
por un instante y reflexiona en el amor y la misericordia de Dios. «¡Alábalo
tú!», como dice el Salmo 150.6 (LBD). ¡Dale tu alabanza de agradecimiento,
pues de nada te sirve si te quedas con ella!
w w w . j o s e v i e r a . c o m