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Escrito por José M. Viera
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¿Edificamos o destruimos?
“El que te trae chismes de otros,
también contará chismes de ti”.
por José M Viera

¿Edificamos o destruimos con nuestras palabras? Esta es una pregunta que
yo me hago todo el tiempo, y siempre le pido al Señor que me ayude a
edificar a otros por medio de mis palabras y por medio de todo lo que haga.
Por muchos años trabajé en una corporación cristiana, donde el ambiente de
trabajo era excepcionalmente maravilloso. Y aunque teníamos que realizar
nuestro trabajo, siempre lo hacíamos con amor y respeto mutuo. Hoy, sin
embargo, trabajo para una corporación secular, y claramente me doy cuenta
de las diferencias fundamentales que existe en este nuevo ambiente. Puedo
escuchar cómo muchas personas “abusan” de otras por medio de sus duras y
vergonzosas palabras. No se dan cuenta que las críticas, las burlas, las
mentiras, las bromas pesadas, las malas palabras y otras cosas semejantes,
son muy destructivas y en nada aprovechan.

Como creyentes en Cristo, debemos apartarnos de tales cosas. Nuestra
responsabilidad para con el prójimo es muy grande. Estamos llamados a
“edificar” y no a “destruir”. Antes de decir algo, debemos hacernos algunas
preguntas:

—“¿Será para edificación lo que voy a decir?”
—“¿Ayudaré a mi prójimo o le seré de tropiezo?”
—“¿Podré ofrecerle mi amor y mi apoyo cristiano por medio de mis palabras
y mi conducta?”

Así enseña la Escritura: “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (I
Corintios 10.24). ¿Qué me dice el Señor con ese versículo? El Señor me
enseña que yo no debo buscar mi propio beneficio. Mi prójimo es primero
que “yo”. Tengo que ser considerado y respetuoso hacia los demás.

También nos enseña el Señor en Su Palabra: “Y todo lo que hacéis, sea de
palabra o de hecho, hacedlo TODO en el nombre del Señor...” (Colosenses
3.17). En otras palabras, cualquier cosa que yo haga, debo hacerla en el
nombre del Señor. Y si pongo esto en práctica, jamás destruiré a ninguna
persona, porque Dios no destruye—Él edifica.

Y por último, dice también la Escritura: “Por lo cual, animaos unos a otros, y
edificaos unos a otros...” (I Tesalonicenses 5.11). Por medio de nuestras
palabras y acciones, podemos ofrecer un tremendo respaldo y aliento a
nuestros semejantes. Una palabra pronunciada en amor y con amor, puede
impactar a nuestro prójimo de una manera muy beneficiosa. Pero, una
palabra pronunciada sin amor, puede causar enormes daños y mucha
destrucción.

La pregunta sigue en pie delante de nosotros:
¿Edificamos o destruimos?
¡Qué Dios nos ayude a edificar siempre!