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Escrito por José M. Viera
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¿Cuál es la base correcta del enojo?
Por José M Viera

El enojo es la “alteración del ánimo por algo que molesta”. En simples
palabras: irritación, cólera, ira, rabia, furia, enfado, disgusto, molestia,
desagrado, y descontento. Algo perfectamente normal. ¿Verdad? —Por
supuesto que sí. Es muy normal sentir enojo. Aunque algunos “supuestos
santos” nos asegurarían que ellos nunca experimentan el enojo. Para no
experimentar enojo, uno tendría que ser un pedazo de piedra o un palo.
¡Somos humanos y el enojo es parte de la experiencia humana!

Sin embargo, debemos ejercer control sobre el enojo y no permitir que el
enojo nos controle a nosotros. ¿Sabías que Jesús se enojó?

En Mateo 21.12-13 (NTV), no nos dice específicamente que Jesús se enojó,
pero por Sus acciones podemos concluir sin duda alguna que sí, Él
experimentó enojo:

—Jesús entró en el templo y comenzó a echar a todos los que compraban y
vendían animales para el sacrificio. Volcó las mesas de los cambistas y las
sillas de los que vendían palomas. Les dijo: “Las Escrituras declaran: ‘Mi
templo será llamado casa de oración’, ¡pero ustedes lo han convertido en
una cueva de ladrones!”

El evangelista Juan aporta unos detalles desconocidos en los otros
evangelios. Él dice que Jesús hizo un látigo de cuerdas y lo usó... Leamos el
relato de Juan:

—Al ver esto, Jesús tomó unas cuerdas, hizo un látigo con ellas, y echó a
todos fuera del templo, junto con sus ovejas y bueyes. También arrojó al
piso las monedas de los que cambiaban dinero, y volcó sus mesas. Y a los
que vendían palomas les ordenó: “Saquen esto de aquí. ¡La casa de Dios, mi
Padre, no es un mercado!” (Juan 2:15-16, TLA).

Si alguno hoy hiciera lo que Jesús hizo en el templo, alguien inmediatamente
marcaría el 911 y arrestarían a tal persona. ¡Cómo han cambiado los
tiempos!

Sin embargo, el enojo de Jesús tenía una base justificada. No se enojó por
caprichos personales, sino que Su enojo tenía como base la Santidad de Dios
(Juan 2:17). En ese enojo, Dios manifestaba Su ira y Su descontento hacia la
falta de respeto que se le tenía al templo.

El problema con el enojo nuestro es que muchas veces está fundamentado
incorrectamente. Nos enojamos porque no estamos de acuerdo con algo, y
esa es una base imperfecta para basar el enojo. Esa base es egoísta y
mundana, muy similar al enojo de Jonás, quién no estaba de acuerdo con
Dios. Por eso, Dios tuvo que confrontar a Jonás. Lo puedes leer en Jonás
4.4: —“Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?” (RV1960).

El enojo caprichoso, puede llevar al pecado y por eso Dios nos advierte lo
siguiente:

—“Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe
durarles todo el día” (Efesios 4.26, TLA).

Hay muchos ojos puestos sobre nosotros, los cristianos. La gente está
esperando ansiosamente nuestra reacción frente a la adversidad. Si nos
vamos a enojar, asegurémonos que tengamos el respaldo divino, de lo
contrario, ese enojo nos hará pecar.