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Escrito por José M. Viera
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Agradando a Dios con la libertad de expresión
Por José M Viera

Estados Unidos es una de muchas naciones que se jacta de su libertad de
expresión. Y así como el comunismo instruía a los niños en sus formas,
prácticamente programándolos para el servicio… así vemos cómo nuestra
sociedad es programada en el sistema de libertad de expresión. Pero, ¿Qué
hay de malo en la libertad de expresión, si Dios mismo nos hizo libres? La
pregunta se la formula muchas personas alrededor del mundo. Y es cierto,
Dios nos hizo libres. Pero también es cierto que el ser humano ya no es libre,
sino esclavo del pecado. Por lo tanto, la libertad de expresión de “la raza
caída”, es reducida a libertinaje, que es el desenfreno. El libertinaje no es
libertad, sino atadura de la peor clase.

El mundo se ampara bajo la “doctrina” de libertad de expresión para
expresar su verdadera naturaleza: el pecado desenfrenado, que como una
plaga, está destruyendo nuestra sociedad. ¿Acaso no nos damos cuenta
cómo las manifestaciones vergonzosas del pecado ahora son elevadas para
que todos las veamos y las aceptemos con suma tolerancia? Es como si el
pecado mismo se hubiera personificado, demandando y exigiendo que se le
reconozca como persona libre, con todo el derecho de expresión sin límites o
restricciones. Tristemente, muchos cristianos que no se toman el tiempo
para escudriñar la Biblia, pero los vemos repitiendo las mismas palabras de
la sociedad: —“¡Somos libres! ¡Luchemos por la libertad de expresión!”

¿Acaso hemos olvidado que la verdadera libertad se encuentra en Cristo
solamente? Nadie puede ser realmente libre si no tiene una relación sólida
con Dios a través del único camino, verdad y vida: ¡Jesucristo! (Juan 14.6).
No puede haber verdadera libertad si lo que reina es el libertinaje.

Ser libres es algo maravilloso. Nadie nos obliga a comer esto o aquello.
Podemos vivir  y trabajar donde deseemos. Podemos estudiar, adquirir
conocimientos y viajar. Podemos adorar a Dios y ejercer la fe sin la
intervención del gobierno. Podemos ganar dinero; comprar y acumular
bienes materiales. En fin, la imaginación nos presenta muchas oportunidades
de lo que podemos hacer con nuestra vida. Y así, en esta forma es que se
nos ha enseñado a vivir. Pero Dios, el Arquitecto de la Vida, nos enseña unos
valores y principios muy diferentes a los del mundo. Encontramos esos
valores y principios en el manual de enseñanza que Él nos dejó: la Biblia.

Vivamos en la verdadera libertad, Cristo Jesús. —“Por tanto, si el Hijo les da
la libertad, serán realmente libres” (Juan 8.36, Biblia Nuestro Pueblo). —
“Algunos de ustedes dicen: ‘Soy libre de hacer lo que quiera’. ¡Claro que sí!
Pero no todo lo que uno quiere conviene, ni todo fortalece la vida cristiana”
(1 Corintios 10.23, Biblia en Lenguaje Sencillo). —“Dios habrá de pedirnos
cuentas de todos nuestros actos, sean buenos o malos, y aunque los
hayamos hecho en secreto” (Eclesiastés 12.14, Dios Habla Hoy).