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La misma cosa de siempre
por José M Viera

«Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová... mas yo le
aborrezco, porque nunca me profetiza bien» - 1 Reyes 22:8

Yo estoy cansado de oir la misma cosa de siempre... El pastor siempre habla
de santidad y dice que sin ella, nadie verá al Señor.... Todo el mundo se
pasa diciendo que Cristo viene pronto y todavía no acaba de llegar... He
visitado numerosas iglesias y en casi todas oigo lo mismo: Aménse los unos
a otros; no imiten al mundo; la ira del Señor se está por derramar sobre el
mundo; vivan para el Señor... Esto, aquello, ... y lo otro. Ya estoy cansado
de lo mismo... ¿Por qué no hablan de algo nuevo? ¿Por qué no hablan del
amor de Dios?

Hay muchas personas que dicen ser cristianas y se expresan de esta
manera. ¡Ya están cansados de oir la misma cosa. Este fenómeno espiritual
de nuestros tiempos no es nada nuevo. El pueblo de Israel siempre tuvo
estos sentimientos internos, los cuales no permitían que obedecieran a la voz
de Dios. Decían ser el pueblo escogido (y lo eran), pero no obedecían al que
los había escogido. Estaban cansados de las profecías de juicio y de ira;
querían que se les hablara algo nuevo. Pero Dios seguía repitiendo el mismo
mensaje. ¡Tengamos mucha cuenta cuando Dios repite un mensaje!
¡Tenemos que hacer caso a la Palabra de Dios!

Muchos piensan que andar en los caminos del Señor es algo similar a una
visita al supermercado. Cuando vamos al supermercado, buscamos lo más
económico, y rechazamos todo aquello que sea sumamente caro. Pero
cuando se trata del mensaje de la Palabra de Dios, no se puede actuar de la
misma manera. Tenemos que aceptarlo tal y como es. No podemos tener
esa actitud de "la misma cosa de siempre". No le podemos pedir al Señor
que cambie Su mensaje, especialmente cuando ya lo ha dado más de una
vez. A Dios no se le han acabado los mensajes, pues El tiene mucho que
comunicarnos; pero si no hacemos caso a Sus palabras, no podemos esperar
que el mensaje cambie.

La Biblia nos habla de que tanto los reyes de Judá e Israel, como la nación
entera, llegaron a sentirse cansados y hastiados de las palabras del Señor.
Profetas como Isaías, Jeremías y Ezequiel (para mencionar sólo unos pocos),
predicaron mensajes muy similares a la nación. Sus mensajes, aunque con
mucho amor, eran mensajes de denunciación, de juicio, y de la inminente ira
de Dios. Eran mensajes muy directos, y que penetraban hasta las fibras más
profundas del corazón. Estos mensajes se pueden resumir en breves
palabras: "La nación sería destruída por causa del pecado. Un
arrepentimiento sincero era lo único que Dios esperaba de ellos..."

Siempre he creído que aunque el mensaje de Dios parezca fuerte, siempre
es de bendición y de alegría cuando se recibe y se acepta como que vino de
parte de Dios. Si nos humillamos ante Dios, la Biblia nos asegura en
Santiago 4:10, que Dios nos levantará en victoria: "Humillaos delante del
Señor, y él os exaltará" (RVA).

Muchos quieren oir algo nuevo, según dicen ellos: "temas como, el amor de
Dios y cosas parecidas..." Estas personas no saben lo que dicen, pues, si hay
algo que es la misma cosa y que nunca cambia, es el amor de Dios. El amor
de Dios no es asunto nuevo. El amor siempre ha existido, y el Evangelio,
aunque muchos se han cansado de escucharlo, todavía sigue siendo actual, y
nunca pasará de moda. La palabra de Dios, por más antigua que sea, sigue
dando vida a los que viven muertos en este siglo. Todas las cosas en esta
tierra tendrán su fin; más no así la Palabra de Dios: "porque la palabra del
Señor permanece para siempre, y esta es la palabra del evangelio que os ha
sido anunciada" (1 Pedro 1:25, RVA). Las personas que se expresan de esa
manera, o sea: "la misma cosa de siempre", lo hacen con desprecio, pero sin
darse cuenta, están dando testimonio de que la Palabra de Dios es la misma,
que no cambia, y que es eterna.
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