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Escrito por José M. Viera
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w w w . j o s e v i e r a . c o m
Ha llegado otra época navideña. Bellas
decoraciones adornan las ventanas de las casas
y las tiendas: luces de muchos colores, árboles
con muchos adornos, música especial para la
ocasión, tarjetas navideñas, comida deliciosa y
especial, y ¿quién puede olvidar la compra de
regalos? Aún la gente nos trata mejor, se
sonríen más, y nos buscan conversación. ¡Es que
la Navidad ha llegado! ¡Todo está supuesto a ser
diferente! Pero, ¿realmente lo es?

Millones de personas en todo el mundo celebran
la Navidad.
Muchos han escogido el 25 de
diciembre, y otros en la primera semana de
enero. No importa el día, la fiesta es similar:
mucha fiesta, mucha comida y muchos regalos.
Mis planes siempre son hacer mis compras
navideñas con más tiempo, pero como siempre,
dejo las cosas para el último momento. Y
después a última hora me desespero buscando
el regalo ideal para mis seres queridos. Tengo
que admitir que muchas veces el proceso es
bastante frustrante, porque me encuentro con
muchísimas otras personas que al igual que yo,
han dejado todo para última hora. Y por
supuesto, no hay quién visite las tiendas el día
después de Navidad porque miles de personas
van a las tiendas a devolver todos aquellos
presentes que no les fue de su agrado o que no
necesitaban. Si la víspera de Navidad es mala
para hacer compras el día después de Navidad
es simplemente una pesadilla.

En todo este «corre-corre» casi siempre
olvidamos lo más importante; y no me estoy
refiriendo a ese regalo que se nos olvidó
comprar. Hablo de lo más importante: ¡Jesús!,
la razón por la cual celebramos la Navidad en
primer lugar.

Quisiera ilustrar el punto que estoy haciendo.
Supongamos que te están planeando la fiesta de
tu cimpleaños. Han invitado a toda tu familia y a
tus mejores amigos. Todo el mundo se ha
preparado para ir a la gran fiesta. Te han traído
muchos regalos, tarjetas, y dinero. Han
preparado una maravillosa fiesta en tu honor.
¡Muy bueno! ¿Verdad? Sin embargo, todos han
llegado a tu fiesta, y ninguno te ha saludado.
Simplemente llegaron a la fiesta; no tomaron
tiempo para hablarte ni para compartir contigo.
Los invitados de tu fiesta simplemente
decidieron compartir los unos con los otros
menos contigo. ¿Cómo te haría sentir eso?
Pienso que si eres como yo, te sentirías triste
porque te han ignorado. Han venido a la fiesta
pero no a gozarse contigo. Los regalos, la
música, el banquete son buenos pero pierden
valor y significado porque simplemente son
substitutos de lo que realmente cuenta.

Así mismo ha pasado con la Navidad. La
Navidad, supuestamente es la celebración del
cumpleaños de nuestro Salvador. Sin embargo,
los invitados a esa fiesta hemos olvidado al
Objeto de esa fiesta. Nos hemos concentrado
demasiado en los detalles externos y en las
cosas materiales, que hemos perdido la belleza
y la pureza de su significado espiritual. Hemos
ignorado a Jesús; no pensamos ni reflexionamos
en lo que Él hizo por nosotros. Al mundo no le
gusta oir esto, pero es la verdad: ¡Sin Cristo
simplemente no existe Navidad! Podrán haber
regalos, bailes, fiestas, comidas, y música,
--¡pero nunca habrá Navidad! Le pueden poner
el nombre que quieran a la fiesta pero no podrán
tener la verdadera Navidad.

La verdadera Navidad no consiste en las cosas
materiales que este mundo ofrece, sino en tener
a Cristo en el corazón.
Es reconocer que Dios
nos dio el mejor regalo en la persona de Jesús,
Su Hijo amado. Es un regocijo espiritual y no un
deleite carnal. Es tener música en el corazón,
perdón de pecados y libertad del alma. Es vivir
completamente enamorados de Aquel que es
amor. Es una fiesta que dura todo el año y que
no se limita a unos días en diciembre o enero.

Nuestro mensaje en esta edición especial de
Navidad es muy simple: ¡No te olvides de Jesús
en esta Navidad!