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No te escondas para servir a Dios
Basado en Daniel 6.1-28
por
José M Viera

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«Cuando Daniel supo que el edicto del rey había sido firmado, entró en su
casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se
arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios,
como lo solía hacer antes» (verso 10)

La historia del joven Daniel es muy poderosa. Un joven que fue perseguido
en gran manera por su fe y determinación de serle fiel a Dios. Dios lo guardó
durante todo el tiempo en que Nabucodonosor fue rey. Y ahora Daniel
enfrendaría nuevos desafíos y pruebas bajo el reinado del nuevo rey, Darío.

La Biblia nos dice que Darío era un buen amigo de Daniel; lo quería mucho, y
sobretodo, respetaba a Daniel y a su Dios. Sin embargo, otros oficiales del
gobierno odiaban a Daniel y a su pueblo. Ellos buscaban cualquier manera
para destruir a este joven, pero no hallaban falta alguna en su personalidad.
Tampoco podían acusarle  en cuanto a sus responsabilidades dentro del
gobierno, porque Daniel era fiel en todo, y Dios le había prosperado en gran
manera. Sin embargo, encontraron una manera, que a su parecer, sería la
destrucción de Daniel.

Babilonia era una nación pagana en gran manera; y Daniel era un servidor
del único y verdadero Dios, Jehová. Estos oficiales vieron en esto una
ventaja para destruir al joven hebreo. Engañaron a Darío y lo hicieron firmar
una ley que prohibía la adoración a otros dioses. La ley de Babilonia
reconocía la adoración al rey como la única religión oficial del imperio. Esta
ley iba a perjudicar a Daniel, ya que el adoraba a Jehová. Sin embargo,
Daniel no tenía planes inmediatos para cambiar su relación con Dios.

Daniel no se escondió para servir a Dios. Sabía que servir a Dios era
peligroso para su vida, pero no se escondió. Abrió las ventanas de su casa y
adoró a Jehová como solía hacerlo antes de la nueva ley. Por causa de la
nueva ley, Daniel fue arrestado; y lo tuvieron que echar a un foso de leones
hambrientos.

Como era de esperarse, Darío se entristeció en gran manera. Comprendió
que aquella ley que él mismo había firmado perjudicaría a un hombre
inocente a quien él amaba y respetaba. Sin embargo, la ley de Media y de
Persia no podía ser abrogada, ni siquiera por el mismo rey.

La historia nos dice que Dios lo libró de aquellos leones. ¡Dios no permitió
que Daniel sufriera daño alguno! Una vez más quedó comprobado que el
Dios de aquel hebreo era el verdadero Dios de los cielos y la tierra.

Aquí hay una bella lección para nosotros: Sirvamos a Dios libremente, sin
escondernos. Tenemos que entregarnos completamente a Dios, aunque
nuestra vida se vea en peligro. Dios nunca abandona a Sus hijos.
"No te escondas para servir a Dios..."
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Escrito por José M. Viera
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