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Escrito por José M. Viera
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"Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" -- Hechos 5.29, RV60

Hay una línea de balance entre la obediencia a Dios y a los hombres. El
creyente en Cristo tiene que someterse a las instituciones humanas y a las
leyes de ésta. ¡Dios no tolera la desobediencia! Y si alguna vez tenemos que
desobedecer alguna ley terrenal debemos estar más que seguros que lo
estamos haciendo no por caprichos personales sino porque estamos
obedeciendo a Dios antes que a los hombres. Dios tiene en alta estima las
leyes humanas porque Él mismo le ha dado al hombre el derecho de
gobernarse por medio de las leyes humanas.

Sin embargo, cuando el hombre abusa de su poder, puede establecer leyes
que tengan conflictos con nuestra fe. Aún así debemos ser responsables y no
violar las leyes terrenales simplemente por el hecho de romperlas, porque
podemos pagar algunas consecuencias serias.

En la iglesia sucede algo similar. Hay líderes religiosos que están sedientos de
poder y control, y quieren regular todo lo que uno hace: desde el momento en
que nos levantamos, la ropa que usamos, la manera en que administramos
nuestro dinero, el estilo de la adoración, la frecuencia en que debemos asistir
al templo, etc., etc  ¡La lista aumenta! Ninguna de estas cosas, por más
méritos buenos que tengan, nada tienen que ver con nuestra relación íntima o
personal con Cristo. Y en vez de sanar las heridas de los corazones sedientos
de amor y comprensión, los están destruyendo con cargas que ni ellos mismos
son capaces de llevar (Mateo 23.4; Lucas 11.46; Gálatas 6.2).

Yo sé quién soy en Cristo y ninguna organización religiosa tiene el poder para
salvarme. Soy salvo por la gracia de Cristo; y me congrego en el templo, no
para encontrar mi lugar en Cristo sino porque ya lo tengo. Y me someto a la
Palabra de Dios por amor a Cristo y no para buscar la aprobación de los
hombres. La única aprobación que vale ya la tengo, la de Dios, mi Salvador.
w w w . j o s e v i e r a . c o m