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Escrito por José M. Viera
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Renovando y transformando el pentecostalismo
Por José M Viera

“—¡Ustedes iban muy bien! ¿Quién les impidió seguir obedeciendo el
verdadero mensaje?—” Gálatas 5:7 (Biblia en Lenguaje Sencillo).

Durante todas las etapas de la historia de la Iglesia, ha habido reformadores
que se han levantado predicando un mensaje que ha ido en contra del
pensamiento y la práctica del momento. Incluso, la mayoría de los grandes
avivamientos del pasado nacieron en parte debido a hombres y mujeres que
sin temor alguno predicaron la Palabra de Dios tal y como es.

No hay duda alguna que el pentecostalismo ha sido uno de los movimientos
más influyentes en todo el mundo. Los avivamientos han sido grandes.
Millones de almas han aceptado a Cristo por todos los países del mundo,
mientras el Evangelio del Señor llega a los rincones más remotos del
planeta. Esto se debe a la gracia del Señor, manifestada en parte dentro del
pentecostalismo y otros movimientos carismáticos.

Sin embargo, a pesar de los grandes avances y de toda esa bendición, el
enemigo se ha infiltrado confundiendo las cosas y engañando a muchos
cristianos. Lamentablemente, el pentecostalismo ha dado a luz un sinnúmero
de herejías y doctrinas del error. Muchas de las mega-iglesias han nacido de
estos movimientos. Estos movimientos carismáticos también han producido
muchísimos evangelistas, profetas y adoradores, que viven la vida del lujo y
la abundancia, envanecidos en el materialismo, sumidos en el escándalo y
entregados al placer.

¿Qué pasó? ¿Y por qué algo que comenzó bien ha terminado tan mal? Los
expertos dan muchas respuestas y especulaciones, pero hay algo que no
podemos negar: —el pentecostalismo y otros movimientos similares, han
dejado de seguir la Palabra de Dios, y ahora siguen las emociones, los
sentimientos y las nuevas revelaciones.

Cuando substituimos la Palabra de Dios por otras cosas, entonces
caminamos en el camino de las tinieblas y del error. Lamentablemente, el
pentecostalismo que intenta salvar al mundo, también necesita salvación. El
verdadero avivamiento no tiene nada que ver con espectáculos cristianos, la
conquista de naciones y territorios, o la construcción de enormes templos al
estilo de coliseos o anfiteatros.

¿Dónde está el arrepentimiento de pecados, o vivir consagrados a Dios en
medio de una generación perversa? ¿Dónde está esa Iglesia que no se
parece al mundo porque reconoce que su verdadera ciudadanía es el cielo?
Dicen por ahí que “no todo lo que brilla es oro”, y así mismo sucede hoy con
muchos cristianos. Cantan como “ángeles”, predican y enseñan cosas bonitas
(pero superficiales). No oran, no leen la Biblia ni la estudian, pero se
alimentan de un evangelio extraño que consiguen en internet o en la
televisión. Y eso, en parte, ha creado muchos de los males que consume al
pentecostalismo y otros movimientos similares.

No es secreto alguno que el pentecostalismo necesita una dosis de
renovación y transformación. Necesita volver a obedecer la Palabra de Dios.
De lo contrario, el pentecostalismo se volverá totalmente ineficaz en medio
de un mundo confundido.