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Escrito por José M. Viera
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Rechazando El Mensaje
Escrito originalmente bajo el título «JESÚS, NO HABLES ASÍ» (Juan 6.60-69)
«Dura es tu palabra; ¿quién la puede oir?» (verso 60).

Por José M Viera

Cuando el mensaje del Evangelio es predicado, es rechazado por algunos y
recibido por otros; hace que algunos se ofendan y se enojen; y lleva
bendición a los que con gozo lo aceptan. ¡Si no es una, es la otra!

Si hubo alguien que hablaba con amor profundo, ése fue Jesús. De todas
maneras, hubieron personas que se ofendieron por Su doctrina y le dejaron
de seguir. Ellos encontraron que las palabras de Jesús eran muy duras y
ofensivas. Los discípulos de Jesús se quejaron de esto al Maestro. Para
sorpresa de todos, Jesús les dice: ¿Quieren irse ustedes también? Aquí
vemos que a Jesús no le importaba tanto la cantidad de discípulos sino la
calidad de discípulos. Vemos que en ningún momento Jesús cambió Su
mensaje, sino que se mantuvo firme en Su misión de hablar solamente lo
que recibía del Padre (Juan 7.16,17).

En Proverbios 4.22,23 leemos que las palabras de Dios son medicina para el
alma. Cuando la medicina es aplicada a una llaga, causa mucho dolor; así es
la Palabra de Dios aplicada al corazón. La Palabra de Dios cura las llagas del
alma, así como la medicina cura una llaga cuando es aplicada
correctamente. La Palabra de Dios es más cortante que toda espada de dos
filos (Hebreos 4.12); traspasa el alma y causa dolor, pero esa misma
Palabra tiene poder para sanar las heridas del corazón y salvar al que acepta
Su mensaje (1 Timoteo 4.16).

Rechazar el mensaje de la Palabra de Dios y enojarnos con Sus mensajeros,
significa lo mismo que decirle al Maestro: Jesús, no hables así... Si queremos
vivir, tenemos que escuchar atentamente a nuestro Dios. En 2 Timoteo 4.13
se nos habla de una de las señales de los últimos días. Muchos rechazarían la
Palabra de Dios para escuchar las mentiras de las tinieblas. Es mejor que nos
sometamos a Su Palabra, porque como dijo Pedro: ¿A quién iremos? Pues,
sólo Cristo tiene palabras de Vida.
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